“LO QUE NIEGAS TE SOMETE, LO QUE ACEPTAS TE TRANSFORMA”
Carl Jung
Esta cita anda “rodando” por una de las redes sociales más conocidas y usadas, tal vez es la tercera vez que la veo, y ha tenido impacto en mi, y por eso hoy, decidí escribir sobre la ACEPTACIÓN. Como ser humano, mujer y psicóloga, creo que aceptar aparentemente puede ser visto como algo simple de hacer; sin embargo, el asunto se complica cuando aceptar implica ver las cosas que nos duelen, nos dan rabia, miedo y nos ocasionan sufrimiento, de manera tal que se vuelve uno de los procesos que requiere mayor valentía y determinación en la vida.Para algunas personas aceptar una situación significa resignarse, no hacer nada, ser un perdedor, retroceder, no luchar, rendirse a la dificultad o por el contrario sentirse satisfecho con lo que pasa y conformarse; partiendo de estas creencias, la respuesta que se considera acertada es “luchar contra la corriente”, pelear, rechazar la situación, esforzarse – sin lograr resultados- o mantener un grado de estrés y ansiedad con el que nos acostumbramos a vivir, pensando que eso es “estar haciendo algo, o permanecer activos frente a lo que nos pasa”; sin embargo, la situación permanece y le añadimos una carga extra difícil de llevar. La única “ganancia” de llevar esa carga sería el no enfrentar o confrontar directamente la situación, sentirla y asumirla tal y como es.
Aceptar es una actitud que se ejercita con la cabeza y con el corazón; desde el pensamiento podemos decir “si, esto es así” pero si desde el sentimiento nos resistimos, estamos a mitad del camino, pues podemos seguir en el reclamo, reproche, tristeza, rabia por un largo periodo de tiempo sin que podamos avanzar. Cuando el “si” es completo, es posible hacerle frente a aquello que no marcha bien, reconocer con humildad la parte que a cada uno le corresponde y por muy doloroso que sea, ver la situación completa, con todo lo que consideremos “bueno” y lo que consideremos “malo”, arriesgándonos a darle una nueva comprensión y soltar los pensamientos y sentimientos que nos mantienen en lo que deseamos que sea y no es; aceptar nos hace libres para tomar con fuerza las posibles soluciones, acciones y decisiones que tal vez permitirán de una manera eficaz encontrar posibilidades desde nuestros recursos internos y externos. Todos somos diferentes y cada uno lleva este proceso a su tiempo y en su momento, pero es importante recorrer el camino.
Una enfermedad de un ser querido o la propia, la pérdida de una relación, de un bien material, la muerte de alguien amado, algunas actitudes que rechazamos de nuestros padres, hermanos, pareja, errores del pasado, aspectos de la personalidad o formas de actuar que no nos gustan de nosotros mismos o de los demás, que alguien no nos corresponda como quisiéramos, cambios en nuestra vida, son algunas de las situaciones en donde aceptar puede ser la clave para llevarlas de una mejor manera y darle cabida a la transformación, partiendo de lo que “es así”.
La transformación no inicia con lo que nos pasa afuera, es decir con que las condiciones sean distintas, con esperar a que el otro cambie, con lo que nos gustaría que fuera o con lo que hubiera sido; cuando hablo de darle cabida a la transformación, me refiero a preguntarse por aquello que sentimos, vemos y creemos de esa situación y lo que sentimos, vemos y creemos de nosotros mismos en torno a esa situación; hacerse este cuestionamiento nos lleva a tener una mayor claridad de lo que nos genera esa circunstancia, a asumir un papel activo en lo que nos pasa y con una actitud de humildad reconocer que a veces fallamos, que no tenemos el control de todo o de todos los que nos rodean y a estar dispuestos a soltar creencias y sentimientos que nos detienen en un mismo punto.
¿QUÉ NOS AYUDARÍA A ACEPTAR UNA SITUACIÓN?
- Reconocer y expresar lo que siento: a veces creemos que si evadimos la tristeza, rabia, amargura o frustración producida por lo que nos pasa, el dolor va a ser menor y no nos vamos a afectar tanto; lo cierto es, que guardar estos sentimientos se puede convertir en una “olla a presión” que de alguna manera va a buscar la forma de destaparse, bien sea en nuestras relaciones, afectando otras áreas de la vida e incluso manifestándose con alguna enfermedad.
- Recibir o buscar ayuda de otros, alguien cercano en quien confiemos o si es el caso ayuda profesional: cuando rechazamos una situación bien sea porque es muy dolorosa o porque sentimos que nos queda grande, un amigo, una persona que admiremos por su sabiduría o un profesional adecuado pueden ser de gran ayuda. La disposición para recibirla hace parte de aceptar que a veces no podemos solos y que con otros podemos compartir y dar pasos para reconocer lo que es.
- ¿Qué es lo que más me cuesta ver y asumir de esta situación? Responder esta pregunta requiere una actitud de apertura y sinceridad con uno mismo.
- Cuando podemos ver lo que nos cuesta asumir y vamos aceptando “el panorama completo” tal y como es, también es fundamental preguntarse: ¿con qué recursos cuento? Todos los seres humanos sin excepción tenemos valores, cualidades, creencias, fortalezas, personas, instituciones, que nos apoyan en el proceso de reconciliarnos con el pasado y lo que ha sido tan difícil de aceptar, mirar el presente con lo que nos ofrece y proyectarnos al futuro con aquello que somos y tenemos hoy.
- Con la mente y el corazón dispuestos, digamos SI, ACEPTO

Deja un comentario