Loro viejo no aprende a hablar

¿Ha utilizado en algún punto de su vida esta expresión? o sin conocerla o haberla expresado, siente que hábitos, pensamientos y estilos de vida con los que no está a gusto “a estas alturas de la vida” ¿ya no es posible cambiarlos? ¿Es usted de los que cree que a medida que vamos creciendo nos vamos volviendo más “mañosos”?

Si en cualquiera de las anteriores preguntas ha contestado SI, quiero decirle que puede estar equivocado y que ¡hay esperanza!.

Si hablamos a nivel científico, hoy en día los avances nos muestran la gran capacidad que tiene nuestro cerebro para abrir nuevas conexiones y nuevos caminos neuronales, permitiendo que aprendizajes se vayan incorporando y en la medida que los repitamos y reforcemos, estos caminos se hagan más y más fuertes, incluso llegando a cambiar el funcionamiento y estructuras de nuestro cerebro.

Otros estudios a nivel celular han demostrado como nuestras células, si bien tienen un material genético, al recibir información del ambiente puede llegar a cambiar su funcionamiento, alterando incluso, como lo han propuesto algunos nuestra genética, cuestionando su determinante e inevitable influencia*.

Sonja Lyubomirsky, psicóloga profesora de la Universidad de Berkeley, reconocida por estudiar la felicidad, menciona que en términos de porcentajes aproximados, aquello que determina la felicidad está en un 50% en nuestros genes, 10% en las circunstancias de la vida y un 40% a las actividades intencionales que cada uno de nosotros realiza*; ¿cómo administramos este 40% en el día a día? ¿Qué decisiones tomamos? ¿A qué le damos prioridad? ¿Qué prácticas realizamos?.

Cualquier pensamiento, emoción, hábito, creencia es susceptible de ser transformado; ¿que puede requerir esfuerzo, apertura y voluntad? ¿Que nos puede dar miedo abandonar lo conocido y arriesgarnos a vivir de otra manera? ¿Que nuestro sentido de la vida se ha arraigado en creencias, emociones o pensamientos que independientemente de si nos traen bienestar o no, soltarlos puede ser una amenaza a nuestra identidad? Eso es otra historia… pero si hay una pequeña parte de usted que quiere que algo mejore o cambie en su vida, anímese y descubra que muy probablemente LORO VIEJO  PUEDE APRENDER A HABLAR!!

Fuentes y links de interés:

*Lipton, B. (2007) La Biología de la creencia. Palmyra

**What Determines Happiness? – Sonja Lyubomirsky

http://greatergood.berkeley.edu/

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