En compañía de la soledad

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Hace un tiempo, un adolescente con mucha angustia, expresaba que no le gustaba caminar solo porque sentía que el resto de la gente alrededor lo miraba al pasar y probablemente criticaba o juzgaba el hecho de que estuviera sin ninguna compañía, como si tuviera una etiqueta en la frente que dijera «no tiene amigos, que pesar, es patético».

Para algunos adultos lo anterior podría enmarcarse en «un tema de adolescentes», pero lo que he encontrado, es que el significado de estar solo y de manera más amplia, la soledad, es alimentado por nuestra cultura y afecta sin importar la edad.

Generalmente, la soledad tiene un componente emocional de miedo, tristeza y angustia; para muchos es insoportable pensar en realizar actividades solo/a (comer, ir a cine, tomarse un café, viajar, caminar, contactarse con la naturaleza); por un lado, porque nos sentimos observados por los demás, como el adolescente mencionado anteriormente, y por otro, porque en ese espacio corremos el riesgo de encontrarnos un poco más de frente con nosotros mismos y con aquello que, probablemente, rechazamos de una situación, relación o de si mismo, que se disimula o camufla con el ruido de afuera y la compañía de otros. Si no lo has hecho, te invito a que un día realices de manera consciente una actividad solo y observes qué sientes y qué piensas; en un inicio puede surgir la tentación de llamar o chatear con alguien, pero  puede ser un momento importante para poner atención a los pensamientos y sentimientos que surgen. Puede haber algo de incomodidad, pero si te das la oportunidad puede ser un espacio de «yo con yo» que puede ser disfrutado y vivido con alegría o tranquilidad. Si bien la idea no es aislarse, o no contar con una red de apoyo,  la intención es dejar de lado la dependencia hacia otros para «curar» la soledad y sentirse en armonía, feliz y en bienestar.

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