Hace algunos meses tengo un carro y hasta hace unas semanas, por observación de otra persona, me di cuenta que desde el timón puedo manejar el cambio de emisoras y volumen del radio; lo crean o no, este fue un ¡super descubrimiento para mí! tal vez lo había visto, no lo recuerdo, pero no lo había usado y realmente es más práctico y cómodo; sin embargo, aún no me he acostumbrado y vuelvo al radio directamente. Integrar esta sencilla acción, me ha hecho pensar en lo que implica transformar un hábito en el pensar, sentir o hacer, porque en cualquiera de estas tres tenemos una tendencia, algo que repetimos y que a veces creemos que es «la única o mejor manera». Lo cierto es que tenemos recursos más allá de los que reconocemos.
Aunque no es en el único escenario, muchas veces estos recursos los vemos en situaciones inesperadas, que nos mueven de la rutina y que nos llevan a veces al límite, a lo desconocido, y sacar, de no sabemos dónde, recursos que ni siquiera sabíamos que teníamos.
Piensen en una de esas situaciones, y traigan en este momento algo que los sorprendió de la forma en cómo actuaron, pensaron o sintieron… ¿qué vieron de nuevo en ustedes mismos? tal vez más fuerza o fortaleza, tal vez se atrevieron a decir algo que no habían dicho, tal vez se dieron cuenta que son capaces de dar de una manera más amable y amorosa a ustedes mismos o a otros, tal vez fueron capaces de decir no y sentirse leales con ustedes mismos, tal vez pudieron guardar silencio y simplemente escuchar y no reaccionar… El punto es que aquello que identificaron ¡salió de ustedes! si, ¡ahí está! Así que probablemente es más desapercibido que nuevo… o nuevo por pasar desapercibido… Lo cierto es que si le prestamos atención, si es algo que creemos enriquecerá nuestra vida y buscamos integrarlo, ampliará lo que consideramos que somos y le dará la bienvenida a nuevas prácticas y hábitos que nos pueden llevar a crecer y ¡hacer la vida más amable!

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